"Creo que ya es hora"
La palabra, es el invento más importante en la historia de la humanidad.
Ni la lluvia ni el viento me detendrán esta mañana, y mucho menos una llovizna cayendo a cuentagotas y humedeciendo mi camino y mis huesos. Salgo a hacer una caminata después de varios meses, y digo caminata perfectamente bien, pues, en eso se transformó mi carrera a los quinientos metros de iniciada. Hace un año atrás, podía correr ocho kilómetros diarios y terminar tan fresco como una lechuga. Gradualmente fui disminuyendo mi actividad física hasta destinar sólo los fines de semana para ellos y poco después terminar convertido en una oficinista a tiempo completo, esclavo de la rutina y atornillado en su asiento.
Me levanté muy temprano, el día se mostraba claro y una leve llovizna caía. No calenté y me aventuré al ruedo raudamente. Al parecer padezco de un avanzado proceso de fosilización pues rápidamente me fui llenando de dolores y padecimientos. No siempre los retornos son buenos, lo mejor es ir acostumbrándose de a pocos al trote. Decidí caminar y no castigar absurdamente mis piernas y mi cuerpo en general. Corro en una vía paralela a la Panamericana Sur, tranquila, con pocos vehículos, sin smog y demás molestias.
Un pequeño Tico está estacionado a una lado de la carretera y en él una pareja sorprendida por la mañana no cesa en sus arrumacos sin vergüenza alguna. Llego a la pequeña alameda de Pedro Miotta y en ella, un reducido grupo de personas corre por sus veredas. Una chica descansa sobre el murito de unos de los jardines. Yo me desplazo suavemente y me siento en la banca más seca que encuentro. Dos de señoras de edad avanzada se aproxima, lucen ropa deportiva y después de un breve calentamiento inician la carrera. No me podía quedar sentado viendo como personas mucho mayores que yo hacía aquel recorrido. Creo que lo peor de nuestra naturaleza humana es el reto, la competencia, definitivamente no podemos vivir sin ella, y obviamente no podemos dejar de lado nuestra piconería. Somos picones y eso lo pude comprobar después de darle tres vueltas a la alameda y terminar con la lengua afuera; volví a ocupar el mismo lugar en la banca ya no tan seca y excusar mi ineptitud en que yo había hecho un trote largo y previo, en cambio las ancianas recién empezaban. Me recosté sobre la banca tratando de darle consuelo a mis cansados huesos e ir preparando mi retorno sin pena ni gloria.
Inicié la caminata con destino a casa. En el camino de vuelta me fui topando con gente conocida que me fue saludando y yo correspondiendo al saludo. La pareja del tico parecía haber convertido el auto en su habitación. Más adelante se detuvo otro tico y el chofer prestamente abrió una de las puertas posteriores y se puso a mear. Mucho más adelante, una pareja de ancianos: un señor de unos 70 y una señora con similar reloj cronológico se desplazaban por un lado de la carretera. Después de unos minutos los pude alcanzar. Por lo menos en esta carrera nadie me gana. Voltié un instante y vi que la pareja de ancianos se había detenido. El anciano casi en cuclillas y con un trozo de papel en sus manos le limpiaba los zapatos a su mujer. Una imagen entrañable que me puso a pensar y me hizo comprobar directamente como después de tantos años juntos, ciertos detalles caballerosos no se pierden por la rutina o el hastío. Volviendo la vista al frente recordé una canción que le gustaba escuchar a papá: "que no hay que llegar primero sino que hay que saber llegar...". Despacio pero colmado de una felicidad, con los pulmones llenos de un oxígeno limpio y observando como una señora daba de comer a un grupo enorme de palomas, llegué a casa.
Me acordé de aquel anciano de la televisión que tras correr comía un huevo sancochado. Yo comí dos y no por competir.
Terminé de leer Ángeles y demonios de Dan Brown y la verdad es que no me impactó en la medida de lo esperado; algunos datitos históricos y científicos sueltos y más nada. Y la trama trillada, el bien contra el mal, digna para una peli de Hollywood. Bueno, no quiero que me señalen como aguafiestas; y como me tomé la molestia de leerme el libro entero, que bien gordo está, aquí les presento un resumen del mismo, a my way:
Ángeles y Demonios
(Autor: Dan Brown; Adaptador: Yo)
El doctor Robert Langdon (un Indiana moderno), profesor de Harvard y experto en simbología recibe una extraña llamada que le roba el sueño y que trastocaría su apacible y acomodada vida. Renuente a abandonar su casa, cambió de opinión cuando, tras colgar fortuitamente la llamada indeseada, recibe un fax con un ambigrama perdido en el tiempo. ¿Qué demonios es un ambigrama? para los que están atentos y no se les escapa una pregunta les diré que un ambigrama es una cadena de caracteres cuyo texto se lee igual de frente y de cabeza (haz y envez). En la dirección que consigno pueden ver girar el texto: http://illuminati-news.com/graphics/Illuminatispinnerwhitesmall.gif y para quienes quieran verlo ahora aquí les va:

Volviendo a la historia. El fax con el texto Illuminati llamó poderosamente la atención de Mr. Langdon y con mayor razón el hecho de que no estaba escrito a la usanaza normal ,en un papel corriente, sino en el torax de un ser humano que por esas cosas del destino ahora se encontraba a la diestra del Todopoderoso: ¿Se le pasó la mano al tatuajista? a lo mejor sí... porque el cliente se le murió...
Bueno, pongámonos serios. Un minuto de silencio por el difuntito... Langdon reconoce inmediatamente el ambigrama y la asocia a un secta ya desaparecida. Mr. Langdon llega a Europa en menos de una hora, pues el tipo del teléfono tiene más plata que Bill Gates y que el último ganador de la Tinka juntos... con la velocidad Match 33 arriba a Europa en un avión ultramoderno que despertaría la codicia de Alejandro Toledo y amigotes... Lo recibe el mismo director del laboratorio CERN: Maxi Kholer, un viejito decrepito montado en una moderna silla de ruedas incorporada con lo último en tecnología, sólo le faltaría el jacuzzi y sería un estupendo departamentito de soltero. El CERN, es un importante laboratorio europeo a la vanguardia de los más importantes descubrimientos científicos. Ellos fueron los verdaderos creadores del internet, los otros, pues, no, lógico ¿no?.
Langdon muestra su extrañeza por la aparición del símbolo en éstas circunstancias. Maxi Kholer desea que Mr. Langdon le de una clasesita gratis de historia antigua y que hagan referencia al extraño símbolo que ahora adorna el pecho de su científico favorito, el doctor Leonardo Vetra (muerto, fenecido, frío, finito, ¡caput!).
Los Illuminati, explica Mr. Langdon, estaba formado inicialmente por un grupo de cientiíficos destacados (los nerds de la edad media), destacándose entre ellos Galileo Galileo, el personaje más famoso después de los de la mafia fujimontesinista con arresto domiciliario. La inquisición estuvo a la búsqueda de éste grupo pues los consideraban muy peligrosos para la preservación de la fe y empleó métodos terribles: cuatro científicos fueron arrestados y en sus pechos fueron marcados la cruz cristiana, siendo, posteriormente asesinados como escarmiento para todos aquellos que osarán subvertir la fe. Los illuminati se volvieron un grupo clandestino y juraron venganza. Mientras tanto la iglesia, usando los púlpitos y diarios chicha de su tiempo los convirtieron en una peligrosa secta satánica....
(continuará esta historia de miedo y espanto buuuHHHhhh... no se pierdan el siguiente capítulo a ésta misma hora y en ésta misma pantalla, la de su PC.)
La letargia infringida de manera artificial le había sensibilizado los sentidos que ahora se arredraban y escondían tras una lentisca soporífera que le otorgaba cierto valor y le restaba parte de sentido de común. Trató de abrir los ojos pero la claridad reinante amortiguó sus ímpetus confinándola a una oscuridad casi consciente. Un cuasi imperceptible goteo la transportó al pie de un manantial de aguas cristalinas, que la llenó de paz... pareció recordar algo y mientras lo hacía sonreía y no sabía de qué...
Poco a poco la consciencia se le fue llenando de hechos y circunstancias, de sueños y realidades; su cerebro como motor en combustión fue tejiendo historias, historias tan reales...
Apenas recordaba su desvanecimiento, el salón de clases, la maestra...; sin embargo, recordó con suma claridad el hallarse descalza en una habitación de paredes claras. Lo único que ocupaba un lugar en aquel espacio inmenso era una cama, una cama enorme con sábanas de fino lino que la invitaban a sumergirme bajos sus ondas y pliegues que se formaban por gracia y obra de un viento fresco que penetraba por las ventanas abiertas de par en par...
Lo que inicialmente le pareció un enorme ventanal no era otra cosa que una puerta que conducía a un balcon con vista a un patio interior en cuyo centro emergía una pileta adornada con la figura de un ángel de aspecto masculino y muy atractivo a sus ojos; del fondo de su boca, el ser alado, lanzaba procazmente un chorro de agua. Se apostó al borde de la baranda y se mantuvo observando la egregia figura angelical. Sólo después de un buen tiempo reparó que a su diestra alguien más compartía su visión. Se sintió turbada y remeció su cabeza con el fin de despertar de una alucinación o sueño. La figura que antes no había notado era la de un muchacho de unos trece años, aproximadamente..., él, jugaba describiendo la trayectoria del agua lanzada por el ángel. La vio y le sonrió con una naturalidad y confianza que la confundió más. Ella, vio en sus rasgos algo que le pareció familiar, atando cabos descubrió que se parecía mucho al ángel de la pileta. Él, se le acercó y se colocó tras ella, cogiéndo su mano y describiendo con ella la trayectoria del chorro. Ella se dejó llevar, su miedo y temor se habían esfumado... El muchacho beso su cuello. Beatriz, sentía el latido del pecho del desconocido sobre sus espaldas y un beso tierno sobre sus mejillas la condujeron a un marasmo indescriptible. Él, la giro con delicadeza y beso sus labios con ternura; ella, correspondió a aquel beso y sintió como pequeñas manos recorrían sus formas y dibujaban soles y lunas sonrientes...
Ajena a su dominio, se vio inmersa bajo las sábanas de lino humedecidas, ahora, por el sudor de dos cuerpos que se entrecruzaban y describian cabriolas sexuales... Era la primera vez que Beatriz experimentaba estas sensaciones y se sentía tan bien que no escatimó en tomar la iniciativa en más de una ocasión. En los estertores, aquel cuerpo cimbreante posicionado sobre el suyo, que penetraba sus vacíos y aflorando al final en un manantial de efluvios y mareas de fuegos, le hizo una confesión al oído que la condujo a la confusión: "Te amo, Elisa". Sintió su cuerpo estrellándose contra el techo; abrió los ojos de golpe con la luz magullándolos... Su cuerpo, postrado en la cama de un hospital y conectado a sondas, aún conservaba el hedor de la pasión desenfrenada y las huellas del amante furtivo y a su mente, con premura, acudió el rostro del ángel, del muchacho..., de su padre...
(...)

...Los halos, como mucha simbología cristiana, se tomaron prestados de la antigua religión egipcia, que adoraba al Sol. La cristiandad está plagada de ejemplos de adoración al Sol.
...¿Qué se celebra el 25 de diciembre?
- Navidad. El nacimiento de Jesucristo.
- Pero según la biblia, Cristo nació en Marzo. ¿Qué hacémonos celebrándolo a finales de diciembre?
Silencio.
... El 25 de diciembre, amigos mío, es la antigua fiesta pagana del sol invictus, el Sol invencible, que coincide con el solsticio de invierno. Es esa época maravillosa en el que el Sol regresa y los días empiezan a alargarse...
... Con el fin de conquistar religiones, a menudo se adapatan festividades existentes para que la conversión sea menos traumática. Se llama transmutación. Ayuda a la gente a acostumbrarse a la nueva fe. Los creyentes conservan las mismas fechas sagradas, rezan en los mismos lugares sagrados, utilizan una simbología similar... y se limitan a sustituir a un dios por otro...
..."¿Estás insinuando que el cristianismo es una especie de... culto al sol reciclado?"
-En. Absoluto la cristiandad no tomó prestando tan solo el culto al sol. El ritual de la canonozación cristiana proviene del antiguo rito de Euhermes. El de convertir en dioses a seres humanos. La práctica de "devorar a los dioses", o sea, la Sagrada Comunión, proviene de los aztecas. Ni siquiera el concepto de Cristo muriendo por nuestros pecados es exclusivamente cristiano. El sacrificio de un joven para redimir los pecados de su pueblo aparece en la tradición de Quetzalcoatl.
¿De modo que el cristianismo no tiene nada de original?
- Muy pocas cosas son realmente originales en cualquier fe organizada. Las religiones no nacen de la nada. Surgen de otra. La religión moderna es un collage, una acta histórica adaptada de la lucha del hombre por comprender lo divino.
¿Cuál es la imágen de Dios?
... Cuando los primeros cristianos conversos abandonaron sus deidades anteriores (dioses paganos, dioses romanos, griegos, el sol, Mitra, lo que sea), preguntaron a la Iglesia cuál era el aspecto de su nuevo dios cristiano. Muy sabieamente, la Iglesia eligió el rostro más temido, el más poderoso... y conocido de toda la historia documentada (ZEUS).
(Ángeles y Demonios, Dan Brown)

Era una de las tragedias más horripilantes del arte renacentista. En 1857, Pio IX decidió que la representación de los atributos varoniles podía incitar a la lujuria en el interior del Vaticano. En consecuencia, agarro un escoplo y un mazo, y cortó los genitales de todas las estatuas masculinas del Vaticano. Mutiló obras de Miguel Ángel, Bramante y Bernini. Se utilizaron hojas de higuera de yeso para ocultar los daños...
(Ángeles y Demonios, Dan Brown)
¡ Vas a morir bastarda...!
Con una grafía sinuosa y desproporcionada, como para no pasar desapercibido, apareció aquel mensaje infamante interrumpiendo su recientemente recuperada calma... Sus compañeras, habían despejado las aulas e instalaciones escolares desde hacía buen tiempo ya. Del borbollón de voces y risillas juveniles apenas quedaba un leve murmullo sólo comparable con una brisa furtiva en verano ardiente.
Con el alma rasguñada, los nervios colapsados y un abatimiento en ciernes decidió abandonar el bañito personal; unas manos crispadas y temblorosas descorrieron el frágil pistillo que ahora se tornaba renuente. Quería estar segura que no hubiese un alma presente, testigo de su desmoranamiento mental.
Se sentía loca, desquiciada, totalmente fuera de sus cabales e incompetente para formular una razonamiento lógico que le permitiese concluir a ciencia cierta o con una mínima y piadosa posibilidad que no lo estaba.
Al sentir el más mínimo ruido o exhalación corría a refugiarse en el aula o ambiente más próximo; su corazón, cual tambor tribal, tocaba ritmos frenéticos. A veces, permanecía apoyada en un muro, sudando frío y resquemores, rogando con una plegaria salpicada de blasfemias que la volviera invisible e indetectable ante una maestra o compañera que la pudiera poner en evidencia.
Su aula era una de las últimas en atravesar; en la puerta, se encontraban la maestra Neyra y la psicóloga del colegio; conversaban entre susurros; sus semblantes exteriorizaban conmoción y preocupación. Beatriz, sólo escuchaba sonidos fricativos y rasantes, y sólo al final pudo percibir con total claridad aquella frase, de los últimos días, odiada y recurrente: "Pobre chica". Sintió que la frase le aguijoneaba los oídos, "pobre chica", y se le clavaba en el alma. Languideció, apoyó sus espaldas con fuerza a la pared, golpeó un par de veces su cabeza contra el duro muro de realidades y pesadillas. Cerró los ojos, tratando de encontrar paz en su interior y una lágrima rodó por sus mejillas... y la frase, "pobre chica", se quedó en la atmósfera como un eco eterno...
¿Cuánto tiempo permaneció así? Nadie lo sabe. Se sintió remecida por los hombros, como en sus pesadillas; resignada abrió los ojos para enfrentar sus temores..., la maestra Neyra, la observaba con una maternal mirada. Beatriz, quería abrazar y que la abracen; la maestra Neyra satisfizó su necesidad. Beatriz se sintió distinta; en el tiempo que estuvo con los ojos cerrados y apoyada en el muro percibió una voz distinta de las que ocupaban el pasillo; esa voz, le sonó familiar y reconfortante, y le dieron fuerzas para abrir los ojos y enfrentar sus pesadillas. Ésta vez, no será...
Apoyada en la maestra Neyra se dirigió al salón de clases. Éste se encontraba totalmente vacío. La maestra, le expresó su preocupación por su comportamiento tan extraño de los últimos días, así como también quizo saber el origen del mismo. Beatriz no colaboró. Adujo, para inspirar una falsa tranquilidad, que tenía problemas sentimentales. La maestra, no insistió pero le entregó un parte citatorio para sus padres. Era la primera vez que Beatriz recibía un parte por un motivo ajeno a sus actividades académicas. Construyendo una imagen de tranquilidad se dirigió parsimoniosamente a su pupitre. Sus cuadernos y libros permanecía en su lugar. Abrió uno de sus cuadernos para guardar el citatorio... Sus ojos parecieron abandonar sus órbitas, la piel se le heló, y un grito de espanto sacudió su alma, desvaneciéndose, mientras, que el mensaje terrible se ocultaba cobardemente en un cerrar de cuaderno que caía de las manos de Beatriz...
(...)
Diego
Tenía trece años recién cumplidos cuando viajé a Europa; han pasado diez años desde entonces y aún vienen a mi mente imágenes conteniendo el rostro de sorpresa y de insatisfacción por parte de la tía Elisa tras recibir el telefonema de papá...
Mi niñez, al lado de tía Elisa, fue tranquila; bueno, por lo menos, la mayor parte de ella lo fue. El abuelo Francisco bebía en exceso, aún lo recuerdo claramente, y era común verlo convertido en un despojo humano, y siendo conducido por un grupo de sirvientes a su habitación; sus gritos terribles proferidos como truenos escapaban en medio de una batahola, era realmente patético y avergonzante. En ese estado, odiaba que el abuelo me abrazace; sentir su olor a licor, tabaco y aromas nada santos me provocaban repugnancia y náuseas; en más de una ocasión fui rescatado de esa incómoda situación por la tía Elisa.
En sus ratos de sobriedad, que eran escasos, el abuelo Francisco era un tipo muy simpático, me parecía inteligente y poseía un finísimo sentido del humor que contradecía radicalmente toda la idea que tenía formada sobre él. Los sábados por la mañana lo acompañaba a alguna de sus fábricas; me la mostraba de pies a cabeza y me presentaba a cada uno de sus empleados con una sencillez campechana, todos eran sus amigos. Departiamos alegres charlas en el comedor de la fábrica que matizaba con alegres e inverosímiles anédoctas que me provocaron más de una sonrisa. Lástima que a éstas reuniones también asistía, con asidua puntualidad, una botella etiqueta azul.
Cuando el abuelo falleció, yo tenía doce años y medio, el ambiente en casa era muy triste. Durante buen tiempo un manto de silencio cubrió cada ambiente de la enorme mansión. Todos hablaban entre susurros y una risa era inmediatamente reprimida por decenas de ojos escudriñadores.
Ese mismo año, se inició mi despertar sexual. María, antigua sirviente de casa, trajo a su hija Sofía para incorporarla al personal de servicio. Sofía, me pareció una chica muy atractiva. Aunque algo grande para mí, frisaba los quince años, me llamó la atención lo ampuloso de sus caderas y un pecho prominente que me recordaba a unas montañas.
Desde el principio, nuestras miradas se cruzaban y se confundía en los pasillos y en otros ambientes de la casa; emergían sonrisas nerviosas que muy pronto fueron desapareciendo, convirtiéndose en cómplices. Generalmente se encargaba de mi atención. Yo, procuraba levantarme tarde a desayunar para que ella llevara la charola a mi habitación. Con una ansiedad que cubría bajo mis sábanas esperaba el momento que ella cruzara el umbral para mirarla directamente a los ojos. Sin embargo, por más esfuerzo que hiciese la timidez me ganaba y bajaba, derrotado, la mirada.
Fantasié, tuve muchos sueños, nada santos, con ella. Hasta que, sacando valentía de algún rincón de mi ser, decidí actuar. La esperé, vestido con mi pijama de rayas, una mañana de domingo. Todos en casa, me refiero a tía Elisa, dormían hasta tarde y el personal de servicio generalmente se reducía a los necesarios. A media mañana, enfundada en su vestido de domingo: un vestido celeste muy suelto que dejaba traslucir sus formas y con un trato más en confianza me traía la charola sonriendo y soltando alguna frase simpática. Se acercó a entregarme la charola y yo la cogí de una muñeca. Observé, en ella, un mohín de disgusto por lo que instintivamente la liberé. Me sentí totalmente avergonzado. Sentí su mirada hacia mí; era de lástima; no quería su lástima. Orgullosamente cerré mis ojos. Sentí que la puerta se cerraba lentamente, rozando el marco..., abrí los ojos, esperando sentirme sólo para maldecir mi torpeza pero me tope con los ojos de Sofía... Apoyada en la puerta, con una actitud de niña traviesa me contemplaba muy risueña. Se acercó lentamente. Yo estaba petrificado. Acarició mi rostro, arremolinó mis cabellos y besó mis labios. Mi deseo despertó. Lo primero a que atiné fue a acariciar sus pechos. Bajo la ligereza de la tela de su vestido sentí una suavidad única y turbadora. Mis manos sentían como aquellos montes suaves, al principio, cogieron una rígidez pétrea. Traté de arrancarle el vestido, quería tocarla toda. Yo, actuaba muy torpemente. Ella se lo quitó muy suavemente como mostrándome el camino. Estuve observando sus formas delicadas y excitantes ondulaciones, no me atrevía a tocarla por miedo a consumirme en el intento. Me atrajo hacia ella con una fuerza inusitada. Sentí en mi pecho todo su calor. Mis manos recorrían la suavidad de sus hombros, espalda y caderas; me perdí en sus formas. Me sentía en las nubes, lo había imaginado así pero ni por asomo logré conjeturar todas esas mágicas sensaciones que experimenté en mi primera vez...
Sin embargo, la apacible ensoñación experimentada se vio interrumpida con la repentina partida de Sofía. La extrañé muchas noches, la busqué por mucho tiempo entre sábanas y recuerdos...
La tía Elisa, era muy afectuosa conmigo. Me encantaba que me abrazara y sentir su calor y el aroma que emanaba muy sutilmente de su cuerpo. Era una mujer joven que apenas llegaba a los 30 años. Muy bella, con una belleza que me turbaba, pero era mi tía... Revisaba sus cajones, cogía sus prendas de seda y la imaginaba... Al llegar de clases, un día de mayo, ingresé a mi habitación y me topé con la tía Elisa... Entre sus manos sostenía una de las prendas que yo le había robado. Presentí que me iba a reñir y al contrario de ello me besó en el cuello con mucha pasión. Sentí su lengua húmeda en mi oreja. La sorpresa inicial, se volvió excitación. No podría creer lo que estaba sucediendo, pero me gustaba... Si con Sofía me inicié en el arte de amar, con la tía Elisa, o Elisa como gustaba que la llamara en la intimidad, me gradué... con honores...
Sin embargo, en la intimidad, jamás sentí, en Elisa, ternura; sentía una pasión desbocada que me aterraba pero que también..., me excitaba. Obviando mis aprensiones y soportando su extraña sonrisa le hacía el amor.
Muy poco tiempo después, cuando apenás había cumplido los trece, un telefonema de mi padre, puso de muy mal humor a la tía Elisa. Nunca más dormimos juntos y una semana después, yo, volaba con dirección a Europa.
Diez años han pasado desde entonces, y ahora retorno a mi país, casado y con una hija en camino...
(...)
Yin - Yan
Con enorme beneplácito se prepararon en casa de los Rivera-López para recibir con toda la pompa posible al primogénito. Don Francisco Rivera y doña Magdalena López formaban, quizá, la pareja más conocida y representativa en los círculos sociales más importantes de su época. Ambos, superaban holgadamente los 40 años, por lo que la noticia del embarazo de doña Magdalena cogió por sorpresa a más de uno. El interés, en todas las esferas de la sociedad, era unánime: ¿Quién será el heredero de los Rivera-López? ¿A manos de quién irá a parar tan enorme fortuna conyugal?
Muy pronto, aquellas dudas se disiparían... Las labores de parto se adelantaron. Doña Magdalena, presentaba contracciones más frecuentes; empezaron las dilataciones y rompió fuente... Un equipo, dirigido por el Dr. Sifuentes, su médico de cabecera, y secundado por dos enfermeras ya se encontraban trabajando propocionándole todo tipo de auxilios y cuidados.
Don Francisco se mostraba impaciente. Un grupo de familiares y selectos amigos esperaban en la mesa del comedor, frente a un suculento banquete, con las copas de champagne llenas y listas para brindar en honor del recién nacido.
Don Francisco, nervioso, como padre primerizo que era, recorría en uno y otro sentido el pasadizo colindante con la habitación. Algunas veces interrumpía su marcha, con un pañuelo azul secaba su frente recubierta de sudor y limpiaba, compulsivamente, los vidrios de sus gafas.
Un barullo proveniente de la habitación le alertó que algo no marchaba bien en el interior. Venciendo aprensiones y desoyendo las admoniciones del médico se adentró en los aposentos. Lo que observó, en primera instancia, exacerbó sus ánimos emprendiéndola contra el doctor. Las enfermeras hacía denodados esfuerzos por calmar a la paciente. Doña Magdalena se desangraba profusamente. Un llanto infantil inundaba la habitación. Don Francisco, apartando a las enfermeras, se arrodilló a un costado de la cama, cogió de la mano a su mujer y se aferró a ella hasta el final... ni los llantos infantiles, ni los intentos del médico e invitados lograron darle consuelo...
Pasado un buen tiempo, las niñas, gemelas idénticas, fueron bautizadas con los nombres de Elisa y Constance. Don Francisco, se refugió en la bebida y se hizo asiduo concurrente de antros de mala muerte. Las niñas quedaron bajo la tutela y cuidado de nanas, sirvientas e institutrices.
Constance, desde muy pequeñita, se caracterizó por poseer un carisma y un ángel que doblegaban la voluntad de don Francisco tornándolo hogareño y cariñoso. Se desvivía por Constance, y la engreía mucha más que a Elisa, que se sentía relegada...
Elisa, al contrario de Constance se mostraba huraña y huidiza ante la presencia de cualquier extraño o conocido. Se escondía en su habitación y era imposible hacerla salir, contraviniendo abiertamente las órdenes de su padre. Tímida no era; su misantropía era creciente.
En las reuniones y cocteles hechas en casa, Constance era el centro de atención. Cautivaba a los asistentes de éstas tertulias y, a pesar de lo pequeña, se comportaba como la señora de la casa, era una perfecta anfitriona.
Elisa, celosa de su hermana, no perdía oportunidad para demostrarle su animadversión. Una vez Constance cayó a la piscina y sino hubiese sido por la oportuna reacción de un ayudante del jardinero, la pequeña hubiese perecido ahogada. Elisa, lo negó una y mil veces. En lo sucesivo se mostró más discreta en sus acciones. A los diez años estaba dotada de una malevolencia, maquiavelismo, odio y rencor hacia su hermana que ocultaba tras una irónica y siniestra sonrisa...
A los 16 años, ambas, se habían transformado en hermosas adolescentes. La visita de galanes era el pan de cada día. Constance mostraba gran dominio con sus visitantes; mientras que Elisa los humillaba y espantaba, generalmente.
Por esos días, un joven ingeniero, Miguel Borja, visitaba la casa de don Francisco. Inicialmente, fue en búsqueda de Elisa, a quien conoció a través de una prima suya, amiga de Elisa. Muy pronto, las visitas, con permiso de don Francisco, fueron para Constance; hecho que irritó a Elisa, quien se encerró en su habitación por mucho tiempo. Las sirvientas al llevarle la comida escuchaban voces en su habitación. Su padre, preocupado la condujo a un especialista. Le diagnosticaron desajustes emocionales y nerviosos (esquizofrenia) en grado moderado. Sufría de alucinaciones y escuchaba voces que, según ella, la obligaban actuar en contra de su voluntad... Constance también quiso someterse a esos exámenes, pues también oía voces... Sin embargo, éstas, la reconfortaban y le recordaban a la voz de doña Magdalena, su madre.
La noticia del casamiento de Constance y Miguel, sorprendió a todos en casa. Con la anuencia de don Francisco la boda se programó una semana antes que Constance cumpliera los 17.
Durante la ceremonia fue imposible localizar a Elisa. La joven pareja partió a Europa de Luna de miel por espacio de dos meses. Al regresar, comunicaron a todos la buena nueva: Constance estaba embarazada.
Miguel, por razones de estudio y trabajo regresó a Europa. Se hicieron todos los preparativos para que el hijo de Constance naciera en casa. Como una cruel repetición, el partó se complicó... Constance dio a luz un saludable varoncito, Diego, pero, ella, falleció esa misma tarde... Durante el entierro, algunos asistentes juran que vieron a Elisa sonreir, una sonrisa terrible...
Diego, por lo pequeño y ante la imposibilidad de Miguel de hacerse cargo de él, se quedó bajo el cuidado de Elisa. Jamás nadie la vio más contenta. Por todos los medios alargó la permanencia de Diego a su lado. A los pocos años de la muerte de Constance falleció don Francisco. Y ya empezaban, desde entonces, a tejerse rumores que Constance mantenía una relación incestuosa con su sobrino, Diego, de trece años. Los rumores llegaron a oídos de su padre en Europa, que no vaciló en llevarlo a su lado. Elisa quedó desolada y resentida con todo el mundo.
Se encerró en la casona. Cuentan las sirvientes que recibía la visita de ocasionales amantes. Se volvió una mujer de vientre fácil y hambriento. Los vecinos cuentan que la casa se vio poblada de personajes de la más rara ralea y los ruidos y voces que escapaban por los resquicios de puertas y ventanas espantaban a los más valientes. La mayoría de empresas, de su padre, heredadas quebraron. Muy pronto todos se olvidaron de ella hasta que la noticia de su muerte la trajo a las primeras planas por última vez.
(...)
- ¿Señorita Borja...?
Beatriz, sentada en su pupitre esboza una sonrisa siniestra; su mirada extraviada se estanca en un punto inexistente o en un plano invisible para los demás. Unas ojeras oscuras y pronunciadas, y la palidez de su rostro le dan un aspecto espectral...
- ¡Señorita Borja...Señorita Borja! -una voz aguda se le clava en los oídos, la sacude y rescata de aquel trance extático.
Se muestra confundida, poco a poco recupera el dominio de sus sentidos; la extraña y lúgubre sonrisa se le ha borrado completamente y su conciencia se ha llenado de cargos..., el ardor en su rostro le han devuelto color a sus mejillas; un rictus nervioso desdibuja sus labios. Su mirada, antes perdida, se ha fijado en los ojos desorbitados y hostiles de la maestra. Baja la mirada instintivamente. Se siente como un animal acorralado. Se reincorpora torpemente dejando caer al suelo sus libros y cuadernos; pide disculpas y abandona el salón con premura ante la sorpresa del resto de las alumnas y de la maestra que se queda con la palabra en la boca...
Se siente en el centro de un huracán; siente su cuerpo elevarse y ser arrojado a una velocidad vertiginosa contra el piso. Apoyándose en las paredes logra llegar al baño. Su equilibrio colapsa. Con mucha dificultad se sostiene del lavabo. Sientes esas voces que la aturden. Se mira en el espejo y la misma sonrisa, similar a una mueca diabólica emerge ajena a su dominio. Siente que se le eriza la piel y un escalofrío le recorre el espinazo. Enjuaga su rostro con abundante agua como tratando de exorcizarse de un mal sueño... Aquellas voces que pueblan en su cabeza y se adueñan de sus ideas y de su razón parecen, de momento, haberse ido. Tiene las manos frías y húmedas, y un ligero temblor recorre su cuerpo. Se toma el rostro y frota su frente con desesperación. Está aterrorizada. Su cuerpo se sacude en arcadas y vomita sobre el lavabo. Totalmente desolada y presa de una crisis nerviosa llora sin control, cubriéndose la boca, por un buen rato hasta que pierde conciencia del tiempo y del espacio. Oye pasos que se acercan y corren a refugiarse en uno de los bañitos personales. Muerde la manga de su chompa tratando de ahogar su llanto. Trata de recomponerse. Piensa, y cansada de pensar no logra comprender aún cómo aquellas oscuras pesadillas han logrado llegar hasta éstos límites...
Beatriz, nunca se ha considerado un chica especial. Algo tímida y con pocos amigos, pero segura de carecer de enemigos como también de algo que pueda arrepentirse... A sus 16 años gozaba de una envidiable salud, buen ánimo y hasta podía decirse, yendo al terreno frívolo, que era muy hermosa. Sin embargo, su paz y tranquilidad se habían quebrado desde hace un par de semanas. Sus pesadillas empezaron el mismo día que ocuparon la casa de su abuela, doña Elisa, fallecida hacía un año.
Desde el fallecimiento de doña Elisa, la casa, por un problema de litigio entre los deudos había permanecido desocupada. Don Diego Borja, padre de Beatriz, apelando a su poder económico y a sus influencias había logrado para sí, obtener la posesión absoluta de la propiedad y de los bienes de doña Elisa.
Mudarse a la nueva casa no iba a resultar, en apariencia, traumático si se toma en consideración que el departamento ocupado por los Borja se encontraba a escasos tres kilómetros de la casona. La escuela de Beatriz, se hallaba aún más cerca de la casona, por lo que, si alguna vez se animaba a hacer una caminata hacia alguna de ellas, ésta, sería muy breve.
Doña Clara, madre de Beatriz, era una devota practicante de la fe católica. Sus magníficas contribuciones a la iglesia le tenían reservado, según ella, un lugar en el Paraíso. Pocos días antes de la mudanza, acompañada de un sacerdote, se encargó de rociar de agua bendita a cada una de las habitaciones de la antigua casona.
Los Borja, llegaron primero que el camión de la mudanza. Poner en orden cada espacio les tomaría toda la semana.
La primera noche de Beatriz en la nueva casa, se desarrolló con relativa calma. Lo que parecían voces y murmullos, en primera instancia, resultaron ser para su tranquilidad, el viento que silbaba y se estrellaba contra los vidrios de las ventanas de su nueva habitación. Se habían mantenido los colores originales en las paredes así como también algunos cuadros de la antigua propietaria ocupaban su lugar habitual. Doña Elisa, era su tía abuela con la que había mantenido, a pesar de la poca distancia, muy poco contacto. Un retrato de la abuela cuando era muy joven se ubicaba al lado derecho de la cama de Beatriz. Después de observarlo por mucho tiempo, le pareció advertir un brillo escapando de sus pupilas, sintió cierto resquemor, prefirió girar su cuerpo y mirar a otro lado. Dejando a un lado las aprensiones cayó en un profundo sueño...
De aquel sueño le llegaron imágenes de una enorme escalera con blancos escalones. Vió sus pies descalzos apostados sobre el primer peldaño. Sintió el piso frío y un viento helado jugueteando a su alrededor. Después de un largo recorrido llegó al final de la escalera; se encontró con un enorme y antiguo portón de madera; a la altura de la frente de Beatriz éste mostraba una aldaba, que por el tamaño y grosor de la misma debiese ser muy pesada. La levantó con gran dificultad; no alcanzó a dar un golpe; la puerta se abrió repentinamente, arrastrándola... En el interior todo lucía con gran claridad que la obligó a cubrirse los ojos bajo el brazo. Sintió una presencia a sus espaldas y un remezón por sobre los hombros...
Despertó de golpe, pero no sintió miedo. Se mostró totalmente sorprendida por lo real del sueño y podía oler en sus manos el óxido de la aldaba... Se mantuvo despierta y pensativa por un buen rato... lo tomó como un hecho extraordinario..., después de un buen rato, logró conciliar el sueño sin sobresaltos.
En noches sucesivas volvió a tener el mismo sueño..., que de a pocos se fue convirtiendo en una pesadilla, de noche y de día...
(Continuará...)
El Sábado pasado acompañé a mi padre al velorio de un amigo cercano. El ambiente era obviamente el más triste que se pueda imaginar. Las hijas, ya mayores, del difunto protagonizaron conmovedoras escenas de dolor; sin embargo, la viuda se mostraba imperturbable a éstas muestras e incluso, podría decir que, denotaba cierta molestia en su expresión.
Era un comportamiento recurrente que cada vez que se elevaban rezos en honor al difunto la viuda desapareciera en un dos por tres. La respuesta a esta incomprensible actitud surgió de boca de una de sus hijas que trató de justificar a la madre aseverando que ella era Testigo de Jehová y que su religión no le permitía ser partícipe de ritos de otras iglesias.
La mayoría de los presentes eran católicos por lo que la incomodidad de la señora era manifiesto. Me vienen a la mente imágenes de las exequias del Papa Juan Pablo II y recuerdo en ellas cómo representantes de las más variadas religiones manifestaban sus respetos al Papa; no ví a ninguno de éstos representantes levantarse e irse en durante un rezo o responso.
La religión nos acompaña desde que tenemos uso de razón pero últimamente, con la aparición de más sectas, se ha convertido en una especie de cazadora de fieles y muy celosa de mantenerlos. Surgió como una forma de preservar la fe y de ver a nuestros semejantes con el mismo amor que lo hizo Cristo.
Soy católico no practicante he ido en un par de ocasiones, previa invitación, a un par de éstas iglesias en donde lo ritual, lo gestual desplaza a lo espiritual. Las manifestaciones abiertas a través de gritos, movimientos de los miembros superiores en actitudes poco ortodoxas, discursos donde manifiestan ser la verdadera iglesia me provocaron cierto resquemor. Sin embargo, permanecí en el lugar. Las invitaciones, durante los ritos o misas, para formar parte de ellos eran frecuentes; trataban de poner en evidencia a los invitados y forzándolos, de esta manera, a formar parte de su congregación.
En ocasiones voy a la Iglesia Católica, en Navidad y Año Nuevo, quizás las manifestaciones exteriores sean más recatadas pero el fondo es que sólo se concentra en lo ritual. Lo espiritual sólo llega a unos cuantos; mientras que para la mayoría los sermones y mensajes lanzados desde un púlpito de lujo se pierden en el camino. Los feligreses muy bien acomodados en un local lleno de hermosas imágenes y cuadros dignos de un museo escuchan las palabras del sacerdote, algunos buscan las mejores ubicaciones cerca a sus amigos o de las chicas más lindas para el momento de la "darse la paz". Todo lindo, pero al cruzar el umbral de salida retornan a sus vidas. Ningún cambio significado o apreciable se opera en las personas; conservan sus mismas costumbres, vicios y demás muletillas.
Con esto trató de decir que, para la mayor parte de los católicos, asistir a la Iglesia sólo representa una contacto social más como de miembros de una sociedad, y que sólo constituye un saludo a la bandera; pues, lamentablemente los mensajes allí lanzados caen en saco roto. Si la mitad de los asistentes cumpliera a cabalidad con los expuesto en los sermones las cosas serían distintas. Sin embargo, vemos por los resultados que sólo son palabras sin destino.
El sábado último, por la mañana, una pareja hablaba sobre el tema. El punto principal de la conversación se centraba en la poca simpatía que mostraba una persona encargada de predicar. Vemos, en este caso, como el fondo se pierde en la forma...
Muchas veces, prefiero creer que Dios habita en mi y no en un templo o palacio de frío cristal. Si somos capaces de entender y darle sentido al mensaje cristiano no veo por qué se deba usar intermediarios que me repitan lo que debo hacer cuando puedo directamente aplicarlo en el día a día sin recurrir a manifestaciones altisonantes o siendo un hipócrita.
La religion apareció para unir, hermanar, humanizar y no para provocar más divisiones.
Sentí su respiración agitada, mientras cerraba los ojos negándose a ver. Su semblante era triste, su cabeza gacha delataba pesadumbre e incomodidad. Una lágrima se deslizó por su su mejilla..., abría la boca con lentitud tratando de darle forma a sus palabras. Después de un instante, pude ver sus ojos, me miró directamente, sentí su ternura, acarició mi rostro y dijo: "Te amo".
Aquella fría madrugada se levantó muy temprano. Como otras tantas noches tampoco pudo dormir. Y como cada noche, permaneció contemplando a su mujer que dormía a su lado y a sus hijos que lo hacían en la misma habitación en pequeñas camas, muy incómodos. La luz de la Luna que atravesaba las cortinas le permitía ver con algo claridad la fisonomía de sus rostros; podía también, sentir sus respiraciones...
Los problemas económicos, las constantes discusiones con su mujer lo habían convertido en un ser sin sueños... apenas cerraba los ojos y la misma pesadilla lo invadía... no podría soportar la vida sin sus hijos... veía que se los arrebataban y por más esfuerzo que hiciese se los quitaban irremediablemente de las manos...
No era una condición cómoda permanecer despierto toda la noche al lado de la mujer que cada día lo atormentaba con insultos y frases hirientes. La miraba y recordaba como la conoció, y cuanto la quería cuando eran unos chiquillos que caminaban sólos por las calles, arremolinándose en cada esquina y amándose con la pureza del primer amor... antes de cumplir los veinte se casaron y aquel sueño se perdió como por encanto.
Pesadillas de noche y pesadillas de día. Su sueldo de policía era insuficiente para sostener a cuatro pequeños niños. Y su mujer le recordaba cada día lo inútil e inepto que era... esas palabras se le grababan en la mente... no se sentía inútil y menos inepto; mientras hacia sus labores diarias en la oficina de la comisaría pensaba: "¿Y si acepto ese cachuelito en el Banco? Sería un ingreso extra y creo que mejorarían las cosas en casa. Por una parte evitaria el asedio y los insultos de mi mujer y por el otro, le podría comprar a mis hijos las cosas que necesitan...". La idea lo acompañaba días; un día en su labor de policía y el otro haciendo el cachuelito en el Banco, lo mantendrían alejado de casa y de sus hijos por más tiempo pero sentía que el esfuerzo valdría la pena. Total, en su trabajo todos hacían lo mismo...
Puesto en pie, en esa fría madrugada, se acercó a la cama de sus hijos y los observó con detenimiento... la pequeña Inés necesita zapatos nuevos, el pequeño Eduardo la chompa de colegio y una cama más tambien sería necesaria para que todos durmieran más cómodos... luego regresó a su cama y mientras miraba a su mujer recordaba los mejores momentos vividos juntos y que con su "cachuelito" aquellos días podrían volver...
Muy despacio se dirigió al baño. Se lavó la cara y mientras la secaba observaba su reflejo en el espejo. Se veía viejo; sus ojos cansados eran la muestra de sus noches de insomnio. Se afeitó la barba de un día. Su ánimo cambió, ahora sonreía, ahora tendría sueños, sueños y no pesadillas, sueños que podría hacer realidad. No más pesadillas que le arrebataban a sus hijos, no más privaciones...
Le dio un beso en la mejilla a cada uno de su hijos; el pequeño Jimmy ladeó la cara al sentir sus labios, abrió los ojos, se despidió de su padre y volvió a sumergirse en el sueño.
Se dirigió a la puerta, mientras, observaba a su mujer y en lo linda que se mantenía después de doce años juntos y cuatro hijos; la recordaba con su uniforme de escuela, en sus paseos por la playa tomados de la mano en los "días de vaca", y en la promesa de amor eterno... Abrió la puerta con sigilo y se confundió con la fría madrugada.
El Banco quedaba lejos. Tuvo que tomar una combi que fuera por Evitamiento y luego abordar un micro que lo condujera a su destino. Mientras viajaba veía su reflejo en el espejo... ensayaba una sonrisa, después de tantos problemas sonreía para sí mismo. Bajó del micro, y tuvo que caminar seis cuadras más. Era su primer día de franco que no veía despertar a sus hijos. Caminaba con prisa...
La zona era muy peligrosa. La delincuencia y el terrorismo campeaban. Las recientes pintas rojas habían advertido a los encargados del Banco que se necesitaría de personal de seguridad extra para vigilar el local. Solicitaron resguardo policial y sólo les enviaron un policía, por lo que se vieron obligados a contratar a cuatro policías, en dos turnos, para que trabajaran en sus días de franco.
Llegó a la puerta del banco e hizo el relevo. Su compañero frotando las manos y en son de broma le recriminó la tardanza. Apostado a una lado de la puerta conversaba con José, también policía de franco; a él, no habían venido a sustituirlo por lo que tenía que permanecer un turno más.
Las puertas del local se abrieron a las 8:30 a.m., los clientes hacían cola desde temprano y se apresuraron a entrar huyendo del frío... Todo transcurría en aparente calma... un auto se estacionó frente al banco y una pareja transitaba por la vereda.
Se acercó al auto para solicitarle al chofer que lo desplazara un poco más allá... Escuchó ruidos de pasos golpeando contra el asfalto y gritos provenientes de las esquinas que inundaron el ambiente; un disparo escapó del auto y se le incrustó en el pecho. Herido de muerte trató de reincorporarse, su esfuerzo era inútil, por más que lo intentaba no pudo hacerlo; el recuerdo de sus hijos y de su mujer vinieron a su mente... trató de sacar su revólver, sintió un ardor y un dolor profundo en el pecho, vio como su sangre cubría la vereda... la pareja, caminante, sacó a relucir sendas armas. La chica, de unos veinte años, se acercó al moribundo y sin mediar palabra alguna le disparó en la cabeza..., pronto, un grupo de encapuchados armados hasta los dientes se apoderaron del local robando los sueños de muchas personas.
Silencio... poco a poco, el ambiente se va copando de sonidos que por su inesperada aparición sorprenden y hieren a los oídos..., se sienten pasos que aceleran su marcha y se detienen de golpe en el umbral; murmullos como bruma invernal se apoderan del ambiente y se depositan en cada rincón como un eco sostenido...
Tenues luces de velas iluminan una habitación de paredes mustias y vacías. Unos dedos furtivos como aleteo de mariposa extinguen a la pequeña flama... Un beso apasionado une a los amantes que se ocultan en penumbras. Una sola sombra plasmada en la pared se transfigura a cada instante y en cada suspiro. Ladridos se escuchan a los lejos. Miradas que hablan y voces que callan.
Ella, suelta una palabra que queda flotando en el espacio; él, la acalla con un beso mientras sus manos recorren su cuerpo con la fuerza de mil huracanes hurgando en sus pechos, conmoviendo sus sentidos y llevándola a un paraíso de deseos. La llama de la pasión, se enciende, los rodea y consume sin piedad...
Una silueta emerge en medio de las sombras con la luminosidad propia de su desnudez, un campo llano del que surgen montañas que encierran en sus picos las mieles del desenfreno. Aquel campo con flores silvestres es cubierto de un manto compacto que encaja con la perfección de una pieza de rompecabezas. Los rayos lunares penetran tímidamente por la ventana e iluminan el encuentro de dos cuerpos brillantes en medio de sábanas claras que se arremolinan y consienten temblores...
Transcurría la mañana, los segundos y las horas daban traspiés..., definitivamente la mentira tiene patas cortas y trae los zapatos al revés.
Esperaba la hora de salida y desaparecer apenas diera el timbrazo. Durante toda la clase estuvo volteando para verme. Yo sólo atinaba a bajar la mirada y simular estar leyendo, y no importaba que trajera el cuaderno de cabeza... Sus profundos ojos verdes emitían centelleos de luz que inexorablemente llegaba a mi pupitre y me derretían como barra de mantequilla.
Muy poco tiempo atrás yo era quien la buscaba con la mirada y ella me la retribuía con una sonrisa... los tiempos cambian y las circunstancias, también.
¿Y qué tal si voy al baño y desaparezco? No creo que me siga. Odio los compromisos. Si pasó pasó, y no creo que debamos casarnos por eso... Di mi mejor actuación y logré convencerla de dar un paso más en nuestra "relación". ¡Cielos volteó otra vez!. Le dije que la quería, pero no que la amaba, ¿por qué complica tanto las cosas? Me gusta, pero no lo suficiente para prolongar ésto más tiempo. No logro comprender lo que el profesor dice, por mi puede estar diciendo una mentira y no tendré más remedio que creerle. Total si la mentira me acompaña en los últimos meses... ¡Cielos, realmente tengo ganas de ir al baño!.
- !Antúnez!
- ¿? (¡mierda!) ¿Sí?
- ¿A cuánto asciende la población mundial?
- (¿a cuánto asciende?, los estaré yo contando...) ...
- ¿A cuánto asciende...?
No estoy para preguntas, si me quiere jalar ese huevón que me jale ¿a cuánto asciende la población mundial?, qué chucha me importa... ¡Mierda! Falta nomás que me diga que está con su domingo siete... por la cara con la que me mira no creo que las noticias sean buenas...¡Carajo¡
Colocar una pieza en medio de un mar de piezas para reconstruir un rompecabezas que cambia constantemente de fondo y forma me tomaría una vida y más... Volver sobre mis pasos andados siguiendo una pista de migajas inexistentes tornaría mi camino en un laberinto sin principio ni final... Creer en Dios, en el diablo, en la Sarita o en el ratón Micky aplacaría en parte el sentimiento de soledad que se incrusta en el alma y desata tempestades en un vaso de agua, sin agua.
Cavilaciones, reminiscencias, evocaciones, descontrol, desvarianzas que trastocan los sentidos... Causa y efecto, acción y reacción, ¿el huevo o la gallina?...
¡Al diablo con todo! Prefiero la vida y vivirla con virtudes, defectos y demás...
Siempre, me resulta grato navegar por la blogósfera. Ahora, mi travesía se ciñó a la exploración de blogs nacionales. Dejando a un lado, por lo menos hoy, los blogs de contenido literario me "entretuve" en blogs personales. Me encontré con textos que expresan en un sentido amplísimo la esencia de las personas. A través de sus palabras, muchas veces escritas con una genuina sinceridad pude ser parte de su cotidianidad en los distintos aspectos de sus vidas (laboral, estudiantil o casera).
Particularmente, me encanta leer cualquier tipo de contenido, y pienso que en todo escrito se pueden rescatar "cosas" que se puedan aplicar en nuestras propias vidas. Trato, en todo caso, de leer con mente amplia; algunas veces los textos vienen impresos de una tinta subjetiva e intimista que nos invitan a conmovernos con temas neurálgicos. Otras veces expresan toda la pasión y desencanto sobre algún hecho en particular y que no encuentran otra mejor forma de evacuar toda esa frustración que a través de un escrito que a larga les resulta un excelente mecanismo catártico. También los hay, quienes con mucha alegría y positivismo nos cuentan el día a día, contagiándonos ese entusiasmo. Y los que nos llevan a la reflexión, permiténdonos mirar en nosotros mismos y reparar en nuestras fallas.
Un diario, a través de la historia, se ha considerado como el sumidero de cosas personales e íntimas que no trascienden más allá del individuo: escrito por una persona para esa persona. Sin embargo, a través de la aparición de blogs somos partícipes de ese "intimismo". La frialdad de la internet está cediendo y humanizándose a través del influjo de seres con ansias de transmitir más que sólo palabras.
La llevé a su primera cita con el dentista. Exteriormente lucía muy tranquila... corrijo: exteriormente lucía como siempre, con esa inquietud innata que me tenía al pendiente...
Muy temprano le preparé la mamila. No tomó ni la mitad: "Bueno, queridita tenemos una cita muy temprano...". Caminamos un par de cuadras antes de dirigirnos al consultorio. Una menuda garúa, fresca y cenicienta, caía sobre nuestras cabezas; una ventisca húmeda y fría lamía nuestros rostros.
Me causa mucha gracia, observar su carita redonda como una manzana y los hoyuelos que se le forman al sonreir, mostrando un par de hileras de pequeños dientes blancos a mi vista pero en busca ahora de una segunda opinión. Sólo para terminar de describirla: Posee unos enormes y pícaros ojos negros que conjugan perfectamente con su cabello negro intenso.
Caminando de la mano, esquivando coches y personas que caminan con premura, arribamos al consultorio: un edificio blanco con la puerta principal abierta de par en par. No quería entrar, ahora se mostraba tímida, una faceta desconocida... "Vamos..., adelante..., camina..., ¡múevete...!, !te lo ruego...!". Sabia y conocedora de su dominio sonreía vivazmente. Doy un respingo, me muestro rendido, mientras, aliso mis cabellos con resignación. Y la pequeña da un par de pasos seguros e ingresa al edificio muy oronda como diciéndome: "Por qué no vienes..." -¿Psicología a la inversa?, ¡Váya! que se muestra totalmente segura del dominio que ejerce sobre mí-.
Mientras lleno las formas se pierde entre los consultorios; un par de veces tengo que ir por ella... huye al notar mi presencia: "queridita, este no es mejor lugar para jugar a las escondidas...".
Esperando nuestro turno, juega a sus anchas en el piso. Inútil levantarla porque a los pocos segundos vuelve a zambullirse en la piscina sin agua. "Samantha Rivera..." -una señorita muy sonriente pero con los ojos de mala noche llamándola-. Me incorporo rápidamente y levanto del piso a Samantha.
Otra vez en el tira y afloje..., después de unos instantes se anima a dar los primeros pasos y yo feliz como si fueran los primeros en su vida. La doctora me da una clase instructiva acerca de los cuidados en la higiene bucal y de una adecuada elección de los alimentos. Yo asiento ante cada declaración, mientras Samantha juega en el sillón reclinable; un par de veces, la doctora tiene que suspender la charla en vista que también un par de veces estuvo Samantha a punto de dar contra el piso.
Le hace un chequeo a la cavidad bucal y le encuentra dos piezas con pequeñas caries. Para ser una niña de menos de tres años no está nada bien. Por ser su primera cita, esta vez sólo le aplica una pasta de fluor. En una semana tendremos que regresar para que, la doctora, ejecute el proceso de eliminación de esas caries. Se ha comportado muy bien, hoy, tanto que la doctora coloca en su frente un sellito con la carita de un niño feliz.
Feliz..., feliz no va a estar su madre cuando se entere que a la más querida de sus hijitas le van a taladrar los dientes. "Pero está muy chiquita, me da pena, le va doler". Bueno, pues, los riesgos de una inadecuada alimentación: muchos dulces y galletas que al final pasan factura. Mejor curarlos ahora que extirparlos en un par de años, ya que eso tendría consecuencias apreciables como el apiñamiento de dientes y que para solucionarlos, después, con el usos frenillos te costaría un ojo de la cara.
Samantha, está hambrienta, pero no puede comer nada hasta cuatro horas después de la aplicación del fluor. A la hora del almuerzo devora sin demora sopa y segundo -me cae bien ésta niña-.
¡Cielos, qué lindo pintan! ¿Cómo lo hacen? Por más que me esforcé en igualarlos ni por asomo los pude alcanzar. Víctor Manuel y Juan eran virtuosos en los trazos con lápices de colores. Dibujaban montañas marrones en distintos tonos e intensidades que exhalaban un realismo arrobador. Y las delineaban de un lila encendido dándoles un aspecto tridimensional.
Mis tiernos ojos observaban maravillados la aparición de un Sol sonriente, mostrándose tras las montañas, emanando rayos luminosos en colores amarillo y naranja que proyectaban su espectro sobre cumbres y picachos, depositando aquellos destellos en una prístina y transparente laguna de aguas celestes y mansas.
Pequeños pobladores, a la luz del Sol naciente iniciaban sus labores de sembrado en un campo de maíz y trigo. Trabajaban con alegría; sus mejillas coloradas guarecían sonrisas amplias que intercalaban con cantos ancestrales. Chullos multicolores recubrían sus cabezas y orejas. En la laguna navegaba un lugareño saludando a todos en la chacra.
Animales pastaban en la faldas de los cerros gozando de vida propia que pondrían colorado de la vergüenza al mismo Creador. Un pequeño niño los guiaba y estaba al pendiente de cualquier descarrío; colgando del cuello llevaba una zampoña en espera de labios que descubran notas etéreas y conmovedoras.
Los dibujos impresionaban a cualquiera. Cada uno mostraba detalles distintos que los hacían, realmente, únicos. Al resto sólo nos quedaba bien, admirar, con envidia sana, tan hermosas expresiones hechas de filigrana e imaginaría.
Lo que mejor hacía en la hora de dibujo era sacarle punta a mis lápices de colores que rompía tan pronto presionaba en la cartulina. Ensayaba unos trazos, pero, no me convencían. Borroneaba la cartulina y quedaba hecha jirones como una tela de araña.
El esfuerzo valió la pena. Después de cientos de pruebas-error; después de cientos de cartulinas desgarradas inmisericordemente pude darle a vida a aquel retablo de emociones que tanto me gustaba admirar en el trabajo de otros. Ya no tengo clases de dibujos ni maestra a quien mostrar pero puedo darme el gusto de descubrir en mis trazos y grabados aquella esencia de vida que trasciende los sentidos y que deposita en mi ánimo una enorme satisfacción y convencerme, que la belleza no se encuentra en los colores ni en los detalles sino en la sinceridad que aplicas en cada una de tus acciones.
No es necesario que repita aquella frase tan trillada; no es necesario, siquiera pensarla..., por más que te la diga una y mil veces, ya no confías en mis palabras; ya no confías ni en lo que pienso o siento y que expreso, ahora, en pocas palabras...
Prefiero, por mi tranquilidad, reservarla.
Somnolientos y tiritando de frío emprenden el mismo trayecto de hace tres años. Arrastrando los pies, van dejando un rastro lineal sobre la arena fría que desaparece prontamente bajo un manto nebuloso que penetra hasta los huesos. Dejan caer un instante la canasta con panes, enorme y cóncava, y se aplican simultáneamente hálitos calientes en sus manos, frotándolas con fuerza hasta casi echar chispas.
Él, presiona un cornetín del que brotan graznidos que sacuden a los vecinos que ya están despiertos pero amodorrados. Ella, muy seria, lo riñe y le da un pellizco para que deje de jugar con la botella plástica que ahora se aleja velozmente víctima de un furibundo y certero puntapié.
El tiempo avanza, son más de las siete, y la canasta sobrepasa holgadamente la mitad de su capacidad. Apresuran el paso, tocan puerta por puerta y el desaire se vuelve una constante que exasperaría hasta al alma más curtida. Sonia, de 9 años, reprime su ira apretando los dientes, conocedora a ciencia cierta de un castigo en ciernes. Richard, de 6, se muestra ajeno o quizás resignado a una azotaína de denuestos y fustazos que no serían los primeros ni los últimos en éstos tres años...
Como cada día, que recuerdan sin mucho esfuerzo, se han levantado muy temprano, con una penumbra a cuestas que luce como una lóbrega caverna... son, prácticamente arrojados a la calle en búsqueda del pan de cada día en un sentido estrictamente literal.
La madre, viuda desde hace tres años, con los nervios destrozados y un espíritu amargado no reprime castigo alguno. El hambre, la miseria y la soledad repentina la transformaron de madre amorosa en un ser con poco menos que con un alma.
Los niños, intentan nuevas rutas para su comercio, suplican, se desesperan. La competencia es dura. Son las 7 y media y el colegio los espera; pero antes, un destino crudo e ineludible se muestra impaciente.
Las lloviznas matutinas, acaecidas en los últimos tres días, han asentado las arenas sempiternas que hacen las veces de calles y veredas. Tonos ocres y marrones se muestran a nuestros pies. Cientos, miles, de huellas en distinto tamaño y sentido se entrecruzan en el pavimento describiendo trayectorias sin destino.
Las huellas de un ave, dejando constancia de su presencia en tierra, distraen la mirada de inquietos niños que suspenden la marcha y se arremolinan para admirarlas.
Cabecitas negras buscan al autor dirigiendo sus miradas al cielo, a un cielo abovedado y gris que no ofrece consuelo. La búsqueda infructuosa los devuelve a sábanas húmedas de arena y tierra.
Rodeados por el eco de sus risas y voces borran las huellas dejando en su lugar alegres, danzarinas y pequeñas marcas de pies y dedos.
El frío arrecia; sin embargo, pequeños ángeles con los pies descalzos y el rostro sucio se confunden en una danza en donde se mezclan sueños y realidades.