Clases de Dibujo
¡Cielos, qué lindo pintan! ¿Cómo lo hacen? Por más que me esforcé en igualarlos ni por asomo los pude alcanzar. Víctor Manuel y Juan eran virtuosos en los trazos con lápices de colores. Dibujaban montañas marrones en distintos tonos e intensidades que exhalaban un realismo arrobador. Y las delineaban de un lila encendido dándoles un aspecto tridimensional.
Mis tiernos ojos observaban maravillados la aparición de un Sol sonriente, mostrándose tras las montañas, emanando rayos luminosos en colores amarillo y naranja que proyectaban su espectro sobre cumbres y picachos, depositando aquellos destellos en una prístina y transparente laguna de aguas celestes y mansas.
Pequeños pobladores, a la luz del Sol naciente iniciaban sus labores de sembrado en un campo de maíz y trigo. Trabajaban con alegría; sus mejillas coloradas guarecían sonrisas amplias que intercalaban con cantos ancestrales. Chullos multicolores recubrían sus cabezas y orejas. En la laguna navegaba un lugareño saludando a todos en la chacra.
Animales pastaban en la faldas de los cerros gozando de vida propia que pondrían colorado de la vergüenza al mismo Creador. Un pequeño niño los guiaba y estaba al pendiente de cualquier descarrío; colgando del cuello llevaba una zampoña en espera de labios que descubran notas etéreas y conmovedoras.
Los dibujos impresionaban a cualquiera. Cada uno mostraba detalles distintos que los hacían, realmente, únicos. Al resto sólo nos quedaba bien, admirar, con envidia sana, tan hermosas expresiones hechas de filigrana e imaginaría.
Lo que mejor hacía en la hora de dibujo era sacarle punta a mis lápices de colores que rompía tan pronto presionaba en la cartulina. Ensayaba unos trazos, pero, no me convencían. Borroneaba la cartulina y quedaba hecha jirones como una tela de araña.
El esfuerzo valió la pena. Después de cientos de pruebas-error; después de cientos de cartulinas desgarradas inmisericordemente pude darle a vida a aquel retablo de emociones que tanto me gustaba admirar en el trabajo de otros. Ya no tengo clases de dibujos ni maestra a quien mostrar pero puedo darme el gusto de descubrir en mis trazos y grabados aquella esencia de vida que trasciende los sentidos y que deposita en mi ánimo una enorme satisfacción y convencerme, que la belleza no se encuentra en los colores ni en los detalles sino en la sinceridad que aplicas en cada una de tus acciones.



5 comments:
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