La pasión de Beatriz (II)
Yin - Yan
Con enorme beneplácito se prepararon en casa de los Rivera-López para recibir con toda la pompa posible al primogénito. Don Francisco Rivera y doña Magdalena López formaban, quizá, la pareja más conocida y representativa en los círculos sociales más importantes de su época. Ambos, superaban holgadamente los 40 años, por lo que la noticia del embarazo de doña Magdalena cogió por sorpresa a más de uno. El interés, en todas las esferas de la sociedad, era unánime: ¿Quién será el heredero de los Rivera-López? ¿A manos de quién irá a parar tan enorme fortuna conyugal?
Muy pronto, aquellas dudas se disiparían... Las labores de parto se adelantaron. Doña Magdalena, presentaba contracciones más frecuentes; empezaron las dilataciones y rompió fuente... Un equipo, dirigido por el Dr. Sifuentes, su médico de cabecera, y secundado por dos enfermeras ya se encontraban trabajando propocionándole todo tipo de auxilios y cuidados.
Don Francisco se mostraba impaciente. Un grupo de familiares y selectos amigos esperaban en la mesa del comedor, frente a un suculento banquete, con las copas de champagne llenas y listas para brindar en honor del recién nacido.
Don Francisco, nervioso, como padre primerizo que era, recorría en uno y otro sentido el pasadizo colindante con la habitación. Algunas veces interrumpía su marcha, con un pañuelo azul secaba su frente recubierta de sudor y limpiaba, compulsivamente, los vidrios de sus gafas.
Un barullo proveniente de la habitación le alertó que algo no marchaba bien en el interior. Venciendo aprensiones y desoyendo las admoniciones del médico se adentró en los aposentos. Lo que observó, en primera instancia, exacerbó sus ánimos emprendiéndola contra el doctor. Las enfermeras hacía denodados esfuerzos por calmar a la paciente. Doña Magdalena se desangraba profusamente. Un llanto infantil inundaba la habitación. Don Francisco, apartando a las enfermeras, se arrodilló a un costado de la cama, cogió de la mano a su mujer y se aferró a ella hasta el final... ni los llantos infantiles, ni los intentos del médico e invitados lograron darle consuelo...
Pasado un buen tiempo, las niñas, gemelas idénticas, fueron bautizadas con los nombres de Elisa y Constance. Don Francisco, se refugió en la bebida y se hizo asiduo concurrente de antros de mala muerte. Las niñas quedaron bajo la tutela y cuidado de nanas, sirvientas e institutrices.
Constance, desde muy pequeñita, se caracterizó por poseer un carisma y un ángel que doblegaban la voluntad de don Francisco tornándolo hogareño y cariñoso. Se desvivía por Constance, y la engreía mucha más que a Elisa, que se sentía relegada...
Elisa, al contrario de Constance se mostraba huraña y huidiza ante la presencia de cualquier extraño o conocido. Se escondía en su habitación y era imposible hacerla salir, contraviniendo abiertamente las órdenes de su padre. Tímida no era; su misantropía era creciente.
En las reuniones y cocteles hechas en casa, Constance era el centro de atención. Cautivaba a los asistentes de éstas tertulias y, a pesar de lo pequeña, se comportaba como la señora de la casa, era una perfecta anfitriona.
Elisa, celosa de su hermana, no perdía oportunidad para demostrarle su animadversión. Una vez Constance cayó a la piscina y sino hubiese sido por la oportuna reacción de un ayudante del jardinero, la pequeña hubiese perecido ahogada. Elisa, lo negó una y mil veces. En lo sucesivo se mostró más discreta en sus acciones. A los diez años estaba dotada de una malevolencia, maquiavelismo, odio y rencor hacia su hermana que ocultaba tras una irónica y siniestra sonrisa...
A los 16 años, ambas, se habían transformado en hermosas adolescentes. La visita de galanes era el pan de cada día. Constance mostraba gran dominio con sus visitantes; mientras que Elisa los humillaba y espantaba, generalmente.
Por esos días, un joven ingeniero, Miguel Borja, visitaba la casa de don Francisco. Inicialmente, fue en búsqueda de Elisa, a quien conoció a través de una prima suya, amiga de Elisa. Muy pronto, las visitas, con permiso de don Francisco, fueron para Constance; hecho que irritó a Elisa, quien se encerró en su habitación por mucho tiempo. Las sirvientas al llevarle la comida escuchaban voces en su habitación. Su padre, preocupado la condujo a un especialista. Le diagnosticaron desajustes emocionales y nerviosos (esquizofrenia) en grado moderado. Sufría de alucinaciones y escuchaba voces que, según ella, la obligaban actuar en contra de su voluntad... Constance también quiso someterse a esos exámenes, pues también oía voces... Sin embargo, éstas, la reconfortaban y le recordaban a la voz de doña Magdalena, su madre.
La noticia del casamiento de Constance y Miguel, sorprendió a todos en casa. Con la anuencia de don Francisco la boda se programó una semana antes que Constance cumpliera los 17.
Durante la ceremonia fue imposible localizar a Elisa. La joven pareja partió a Europa de Luna de miel por espacio de dos meses. Al regresar, comunicaron a todos la buena nueva: Constance estaba embarazada.
Miguel, por razones de estudio y trabajo regresó a Europa. Se hicieron todos los preparativos para que el hijo de Constance naciera en casa. Como una cruel repetición, el partó se complicó... Constance dio a luz un saludable varoncito, Diego, pero, ella, falleció esa misma tarde... Durante el entierro, algunos asistentes juran que vieron a Elisa sonreir, una sonrisa terrible...
Diego, por lo pequeño y ante la imposibilidad de Miguel de hacerse cargo de él, se quedó bajo el cuidado de Elisa. Jamás nadie la vio más contenta. Por todos los medios alargó la permanencia de Diego a su lado. A los pocos años de la muerte de Constance falleció don Francisco. Y ya empezaban, desde entonces, a tejerse rumores que Constance mantenía una relación incestuosa con su sobrino, Diego, de trece años. Los rumores llegaron a oídos de su padre en Europa, que no vaciló en llevarlo a su lado. Elisa quedó desolada y resentida con todo el mundo.
Se encerró en la casona. Cuentan las sirvientes que recibía la visita de ocasionales amantes. Se volvió una mujer de vientre fácil y hambriento. Los vecinos cuentan que la casa se vio poblada de personajes de la más rara ralea y los ruidos y voces que escapaban por los resquicios de puertas y ventanas espantaban a los más valientes. La mayoría de empresas, de su padre, heredadas quebraron. Muy pronto todos se olvidaron de ella hasta que la noticia de su muerte la trajo a las primeras planas por última vez.
(...)



5 comments:
Que bonita novela, estare a la espera de La pasion de Beatriz III, pero amigo que no demore si , jejeje saludos
Vaya, Què manera de narrar y resumir tantos años, por un momento lo de incestuoso me recordó a fantasioso Macondo.
Muy crudo.
Qué polarización: hermanas...
sigoleyendo.
This is very interesting site... Valium thailand Holmes air purifer ionizer 300
Keep up the good work film editing schools
Publicar un comentario en la entrada
<< Home