La pasión de Beatriz (III)
Diego
Tenía trece años recién cumplidos cuando viajé a Europa; han pasado diez años desde entonces y aún vienen a mi mente imágenes conteniendo el rostro de sorpresa y de insatisfacción por parte de la tía Elisa tras recibir el telefonema de papá...
Mi niñez, al lado de tía Elisa, fue tranquila; bueno, por lo menos, la mayor parte de ella lo fue. El abuelo Francisco bebía en exceso, aún lo recuerdo claramente, y era común verlo convertido en un despojo humano, y siendo conducido por un grupo de sirvientes a su habitación; sus gritos terribles proferidos como truenos escapaban en medio de una batahola, era realmente patético y avergonzante. En ese estado, odiaba que el abuelo me abrazace; sentir su olor a licor, tabaco y aromas nada santos me provocaban repugnancia y náuseas; en más de una ocasión fui rescatado de esa incómoda situación por la tía Elisa.
En sus ratos de sobriedad, que eran escasos, el abuelo Francisco era un tipo muy simpático, me parecía inteligente y poseía un finísimo sentido del humor que contradecía radicalmente toda la idea que tenía formada sobre él. Los sábados por la mañana lo acompañaba a alguna de sus fábricas; me la mostraba de pies a cabeza y me presentaba a cada uno de sus empleados con una sencillez campechana, todos eran sus amigos. Departiamos alegres charlas en el comedor de la fábrica que matizaba con alegres e inverosímiles anédoctas que me provocaron más de una sonrisa. Lástima que a éstas reuniones también asistía, con asidua puntualidad, una botella etiqueta azul.
Cuando el abuelo falleció, yo tenía doce años y medio, el ambiente en casa era muy triste. Durante buen tiempo un manto de silencio cubrió cada ambiente de la enorme mansión. Todos hablaban entre susurros y una risa era inmediatamente reprimida por decenas de ojos escudriñadores.
Ese mismo año, se inició mi despertar sexual. María, antigua sirviente de casa, trajo a su hija Sofía para incorporarla al personal de servicio. Sofía, me pareció una chica muy atractiva. Aunque algo grande para mí, frisaba los quince años, me llamó la atención lo ampuloso de sus caderas y un pecho prominente que me recordaba a unas montañas.
Desde el principio, nuestras miradas se cruzaban y se confundía en los pasillos y en otros ambientes de la casa; emergían sonrisas nerviosas que muy pronto fueron desapareciendo, convirtiéndose en cómplices. Generalmente se encargaba de mi atención. Yo, procuraba levantarme tarde a desayunar para que ella llevara la charola a mi habitación. Con una ansiedad que cubría bajo mis sábanas esperaba el momento que ella cruzara el umbral para mirarla directamente a los ojos. Sin embargo, por más esfuerzo que hiciese la timidez me ganaba y bajaba, derrotado, la mirada.
Fantasié, tuve muchos sueños, nada santos, con ella. Hasta que, sacando valentía de algún rincón de mi ser, decidí actuar. La esperé, vestido con mi pijama de rayas, una mañana de domingo. Todos en casa, me refiero a tía Elisa, dormían hasta tarde y el personal de servicio generalmente se reducía a los necesarios. A media mañana, enfundada en su vestido de domingo: un vestido celeste muy suelto que dejaba traslucir sus formas y con un trato más en confianza me traía la charola sonriendo y soltando alguna frase simpática. Se acercó a entregarme la charola y yo la cogí de una muñeca. Observé, en ella, un mohín de disgusto por lo que instintivamente la liberé. Me sentí totalmente avergonzado. Sentí su mirada hacia mí; era de lástima; no quería su lástima. Orgullosamente cerré mis ojos. Sentí que la puerta se cerraba lentamente, rozando el marco..., abrí los ojos, esperando sentirme sólo para maldecir mi torpeza pero me tope con los ojos de Sofía... Apoyada en la puerta, con una actitud de niña traviesa me contemplaba muy risueña. Se acercó lentamente. Yo estaba petrificado. Acarició mi rostro, arremolinó mis cabellos y besó mis labios. Mi deseo despertó. Lo primero a que atiné fue a acariciar sus pechos. Bajo la ligereza de la tela de su vestido sentí una suavidad única y turbadora. Mis manos sentían como aquellos montes suaves, al principio, cogieron una rígidez pétrea. Traté de arrancarle el vestido, quería tocarla toda. Yo, actuaba muy torpemente. Ella se lo quitó muy suavemente como mostrándome el camino. Estuve observando sus formas delicadas y excitantes ondulaciones, no me atrevía a tocarla por miedo a consumirme en el intento. Me atrajo hacia ella con una fuerza inusitada. Sentí en mi pecho todo su calor. Mis manos recorrían la suavidad de sus hombros, espalda y caderas; me perdí en sus formas. Me sentía en las nubes, lo había imaginado así pero ni por asomo logré conjeturar todas esas mágicas sensaciones que experimenté en mi primera vez...
Sin embargo, la apacible ensoñación experimentada se vio interrumpida con la repentina partida de Sofía. La extrañé muchas noches, la busqué por mucho tiempo entre sábanas y recuerdos...
La tía Elisa, era muy afectuosa conmigo. Me encantaba que me abrazara y sentir su calor y el aroma que emanaba muy sutilmente de su cuerpo. Era una mujer joven que apenas llegaba a los 30 años. Muy bella, con una belleza que me turbaba, pero era mi tía... Revisaba sus cajones, cogía sus prendas de seda y la imaginaba... Al llegar de clases, un día de mayo, ingresé a mi habitación y me topé con la tía Elisa... Entre sus manos sostenía una de las prendas que yo le había robado. Presentí que me iba a reñir y al contrario de ello me besó en el cuello con mucha pasión. Sentí su lengua húmeda en mi oreja. La sorpresa inicial, se volvió excitación. No podría creer lo que estaba sucediendo, pero me gustaba... Si con Sofía me inicié en el arte de amar, con la tía Elisa, o Elisa como gustaba que la llamara en la intimidad, me gradué... con honores...
Sin embargo, en la intimidad, jamás sentí, en Elisa, ternura; sentía una pasión desbocada que me aterraba pero que también..., me excitaba. Obviando mis aprensiones y soportando su extraña sonrisa le hacía el amor.
Muy poco tiempo después, cuando apenás había cumplido los trece, un telefonema de mi padre, puso de muy mal humor a la tía Elisa. Nunca más dormimos juntos y una semana después, yo, volaba con dirección a Europa.
Diez años han pasado desde entonces, y ahora retorno a mi país, casado y con una hija en camino...
(...)



5 comments:
aja, a mi si me gustaron tus post (I,II y III)... hay una 4ta parte?
estoy esperando la 4 :D
A la espera de las demas... amigo cuantas son.
saludos un buen fin de semana
Seguiré tus posts o tu novela corta?
Tú dirás.
Salux.
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