11 junio 2005

Cuerpos que hablan...

Silencio... poco a poco, el ambiente se va copando de sonidos que por su inesperada aparición sorprenden y hieren a los oídos..., se sienten pasos que aceleran su marcha y se detienen de golpe en el umbral; murmullos como bruma invernal se apoderan del ambiente y se depositan en cada rincón como un eco sostenido...

Tenues luces de velas iluminan una habitación de paredes mustias y vacías. Unos dedos furtivos como aleteo de mariposa extinguen a la pequeña flama... Un beso apasionado une a los amantes que se ocultan en penumbras. Una sola sombra plasmada en la pared se transfigura a cada instante y en cada suspiro. Ladridos se escuchan a los lejos. Miradas que hablan y voces que callan.

Ella, suelta una palabra que queda flotando en el espacio; él, la acalla con un beso mientras sus manos recorren su cuerpo con la fuerza de mil huracanes hurgando en sus pechos, conmoviendo sus sentidos y llevándola a un paraíso de deseos. La llama de la pasión, se enciende, los rodea y consume sin piedad...

Una silueta emerge en medio de las sombras con la luminosidad propia de su desnudez, un campo llano del que surgen montañas que encierran en sus picos las mieles del desenfreno. Aquel campo con flores silvestres es cubierto de un manto compacto que encaja con la perfección de una pieza de rompecabezas. Los rayos lunares penetran tímidamente por la ventana e iluminan el encuentro de dos cuerpos brillantes en medio de sábanas claras que se arremolinan y consienten temblores...

10 junio 2005

Domingo 7

Transcurría la mañana, los segundos y las horas daban traspiés..., definitivamente la mentira tiene patas cortas y trae los zapatos al revés.

Esperaba la hora de salida y desaparecer apenas diera el timbrazo. Durante toda la clase estuvo volteando para verme. Yo sólo atinaba a bajar la mirada y simular estar leyendo, y no importaba que trajera el cuaderno de cabeza... Sus profundos ojos verdes emitían centelleos de luz que inexorablemente llegaba a mi pupitre y me derretían como barra de mantequilla.

Muy poco tiempo atrás yo era quien la buscaba con la mirada y ella me la retribuía con una sonrisa... los tiempos cambian y las circunstancias, también.

¿Y qué tal si voy al baño y desaparezco? No creo que me siga. Odio los compromisos. Si pasó pasó, y no creo que debamos casarnos por eso... Di mi mejor actuación y logré convencerla de dar un paso más en nuestra "relación". ¡Cielos volteó otra vez!. Le dije que la quería, pero no que la amaba, ¿por qué complica tanto las cosas? Me gusta, pero no lo suficiente para prolongar ésto más tiempo. No logro comprender lo que el profesor dice, por mi puede estar diciendo una mentira y no tendré más remedio que creerle. Total si la mentira me acompaña en los últimos meses... ¡Cielos, realmente tengo ganas de ir al baño!.

- !Antúnez!

- ¿? (¡mierda!) ¿Sí?

- ¿A cuánto asciende la población mundial?

- (¿a cuánto asciende?, los estaré yo contando...) ...

- ¿A cuánto asciende...?


No estoy para preguntas, si me quiere jalar ese huevón que me jale ¿a cuánto asciende la población mundial?, qué chucha me importa... ¡Mierda! Falta nomás que me diga que está con su domingo siete... por la cara con la que me mira no creo que las noticias sean buenas...¡Carajo¡

Una pieza en un mar de piezas

Colocar una pieza en medio de un mar de piezas para reconstruir un rompecabezas que cambia constantemente de fondo y forma me tomaría una vida y más... Volver sobre mis pasos andados siguiendo una pista de migajas inexistentes tornaría mi camino en un laberinto sin principio ni final... Creer en Dios, en el diablo, en la Sarita o en el ratón Micky aplacaría en parte el sentimiento de soledad que se incrusta en el alma y desata tempestades en un vaso de agua, sin agua.

Cavilaciones, reminiscencias, evocaciones, descontrol, desvarianzas que trastocan los sentidos... Causa y efecto, acción y reacción, ¿el huevo o la gallina?...

¡Al diablo con todo! Prefiero la vida y vivirla con virtudes, defectos y demás...

Diario de un ser humano

Siempre, me resulta grato navegar por la blogósfera. Ahora, mi travesía se ciñó a la exploración de blogs nacionales. Dejando a un lado, por lo menos hoy, los blogs de contenido literario me "entretuve" en blogs personales. Me encontré con textos que expresan en un sentido amplísimo la esencia de las personas. A través de sus palabras, muchas veces escritas con una genuina sinceridad pude ser parte de su cotidianidad en los distintos aspectos de sus vidas (laboral, estudiantil o casera).

Particularmente, me encanta leer cualquier tipo de contenido, y pienso que en todo escrito se pueden rescatar "cosas" que se puedan aplicar en nuestras propias vidas. Trato, en todo caso, de leer con mente amplia; algunas veces los textos vienen impresos de una tinta subjetiva e intimista que nos invitan a conmovernos con temas neurálgicos. Otras veces expresan toda la pasión y desencanto sobre algún hecho en particular y que no encuentran otra mejor forma de evacuar toda esa frustración que a través de un escrito que a larga les resulta un excelente mecanismo catártico. También los hay, quienes con mucha alegría y positivismo nos cuentan el día a día, contagiándonos ese entusiasmo. Y los que nos llevan a la reflexión, permiténdonos mirar en nosotros mismos y reparar en nuestras fallas.

Un diario, a través de la historia, se ha considerado como el sumidero de cosas personales e íntimas que no trascienden más allá del individuo: escrito por una persona para esa persona. Sin embargo, a través de la aparición de blogs somos partícipes de ese "intimismo". La frialdad de la internet está cediendo y humanizándose a través del influjo de seres con ansias de transmitir más que sólo palabras.

09 junio 2005

Samantha

La llevé a su primera cita con el dentista. Exteriormente lucía muy tranquila... corrijo: exteriormente lucía como siempre, con esa inquietud innata que me tenía al pendiente...

Muy temprano le preparé la mamila. No tomó ni la mitad: "Bueno, queridita tenemos una cita muy temprano...". Caminamos un par de cuadras antes de dirigirnos al consultorio. Una menuda garúa, fresca y cenicienta, caía sobre nuestras cabezas; una ventisca húmeda y fría lamía nuestros rostros.

Me causa mucha gracia, observar su carita redonda como una manzana y los hoyuelos que se le forman al sonreir, mostrando un par de hileras de pequeños dientes blancos a mi vista pero en busca ahora de una segunda opinión. Sólo para terminar de describirla: Posee unos enormes y pícaros ojos negros que conjugan perfectamente con su cabello negro intenso.

Caminando de la mano, esquivando coches y personas que caminan con premura, arribamos al consultorio: un edificio blanco con la puerta principal abierta de par en par. No quería entrar, ahora se mostraba tímida, una faceta desconocida... "Vamos..., adelante..., camina..., ¡múevete...!, !te lo ruego...!". Sabia y conocedora de su dominio sonreía vivazmente. Doy un respingo, me muestro rendido, mientras, aliso mis cabellos con resignación. Y la pequeña da un par de pasos seguros e ingresa al edificio muy oronda como diciéndome: "Por qué no vienes..." -¿Psicología a la inversa?, ¡Váya! que se muestra totalmente segura del dominio que ejerce sobre mí-.

Mientras lleno las formas se pierde entre los consultorios; un par de veces tengo que ir por ella... huye al notar mi presencia: "queridita, este no es mejor lugar para jugar a las escondidas...".

Esperando nuestro turno, juega a sus anchas en el piso. Inútil levantarla porque a los pocos segundos vuelve a zambullirse en la piscina sin agua. "Samantha Rivera..." -una señorita muy sonriente pero con los ojos de mala noche llamándola-. Me incorporo rápidamente y levanto del piso a Samantha.

Otra vez en el tira y afloje..., después de unos instantes se anima a dar los primeros pasos y yo feliz como si fueran los primeros en su vida. La doctora me da una clase instructiva acerca de los cuidados en la higiene bucal y de una adecuada elección de los alimentos. Yo asiento ante cada declaración, mientras Samantha juega en el sillón reclinable; un par de veces, la doctora tiene que suspender la charla en vista que también un par de veces estuvo Samantha a punto de dar contra el piso.

Le hace un chequeo a la cavidad bucal y le encuentra dos piezas con pequeñas caries. Para ser una niña de menos de tres años no está nada bien. Por ser su primera cita, esta vez sólo le aplica una pasta de fluor. En una semana tendremos que regresar para que, la doctora, ejecute el proceso de eliminación de esas caries. Se ha comportado muy bien, hoy, tanto que la doctora coloca en su frente un sellito con la carita de un niño feliz.

Feliz..., feliz no va a estar su madre cuando se entere que a la más querida de sus hijitas le van a taladrar los dientes. "Pero está muy chiquita, me da pena, le va doler". Bueno, pues, los riesgos de una inadecuada alimentación: muchos dulces y galletas que al final pasan factura. Mejor curarlos ahora que extirparlos en un par de años, ya que eso tendría consecuencias apreciables como el apiñamiento de dientes y que para solucionarlos, después, con el usos frenillos te costaría un ojo de la cara.

Samantha, está hambrienta, pero no puede comer nada hasta cuatro horas después de la aplicación del fluor. A la hora del almuerzo devora sin demora sopa y segundo -me cae bien ésta niña-.

Clases de Dibujo

¡Cielos, qué lindo pintan! ¿Cómo lo hacen? Por más que me esforcé en igualarlos ni por asomo los pude alcanzar. Víctor Manuel y Juan eran virtuosos en los trazos con lápices de colores. Dibujaban montañas marrones en distintos tonos e intensidades que exhalaban un realismo arrobador. Y las delineaban de un lila encendido dándoles un aspecto tridimensional.

Mis tiernos ojos observaban maravillados la aparición de un Sol sonriente, mostrándose tras las montañas, emanando rayos luminosos en colores amarillo y naranja que proyectaban su espectro sobre cumbres y picachos, depositando aquellos destellos en una prístina y transparente laguna de aguas celestes y mansas.

Pequeños pobladores, a la luz del Sol naciente iniciaban sus labores de sembrado en un campo de maíz y trigo. Trabajaban con alegría; sus mejillas coloradas guarecían sonrisas amplias que intercalaban con cantos ancestrales. Chullos multicolores recubrían sus cabezas y orejas. En la laguna navegaba un lugareño saludando a todos en la chacra.

Animales pastaban en la faldas de los cerros gozando de vida propia que pondrían colorado de la vergüenza al mismo Creador. Un pequeño niño los guiaba y estaba al pendiente de cualquier descarrío; colgando del cuello llevaba una zampoña en espera de labios que descubran notas etéreas y conmovedoras.

Los dibujos impresionaban a cualquiera. Cada uno mostraba detalles distintos que los hacían, realmente, únicos. Al resto sólo nos quedaba bien, admirar, con envidia sana, tan hermosas expresiones hechas de filigrana e imaginaría.

Lo que mejor hacía en la hora de dibujo era sacarle punta a mis lápices de colores que rompía tan pronto presionaba en la cartulina. Ensayaba unos trazos, pero, no me convencían. Borroneaba la cartulina y quedaba hecha jirones como una tela de araña.

El esfuerzo valió la pena. Después de cientos de pruebas-error; después de cientos de cartulinas desgarradas inmisericordemente pude darle a vida a aquel retablo de emociones que tanto me gustaba admirar en el trabajo de otros. Ya no tengo clases de dibujos ni maestra a quien mostrar pero puedo darme el gusto de descubrir en mis trazos y grabados aquella esencia de vida que trasciende los sentidos y que deposita en mi ánimo una enorme satisfacción y convencerme, que la belleza no se encuentra en los colores ni en los detalles sino en la sinceridad que aplicas en cada una de tus acciones.

08 junio 2005

Te quiero

No es necesario que repita aquella frase tan trillada; no es necesario, siquiera pensarla..., por más que te la diga una y mil veces, ya no confías en mis palabras; ya no confías ni en lo que pienso o siento y que expreso, ahora, en pocas palabras...

Prefiero, por mi tranquilidad, reservarla.

Pan y Arena

Somnolientos y tiritando de frío emprenden el mismo trayecto de hace tres años. Arrastrando los pies, van dejando un rastro lineal sobre la arena fría que desaparece prontamente bajo un manto nebuloso que penetra hasta los huesos. Dejan caer un instante la canasta con panes, enorme y cóncava, y se aplican simultáneamente hálitos calientes en sus manos, frotándolas con fuerza hasta casi echar chispas.

Él, presiona un cornetín del que brotan graznidos que sacuden a los vecinos que ya están despiertos pero amodorrados. Ella, muy seria, lo riñe y le da un pellizco para que deje de jugar con la botella plástica que ahora se aleja velozmente víctima de un furibundo y certero puntapié.

El tiempo avanza, son más de las siete, y la canasta sobrepasa holgadamente la mitad de su capacidad. Apresuran el paso, tocan puerta por puerta y el desaire se vuelve una constante que exasperaría hasta al alma más curtida. Sonia, de 9 años, reprime su ira apretando los dientes, conocedora a ciencia cierta de un castigo en ciernes. Richard, de 6, se muestra ajeno o quizás resignado a una azotaína de denuestos y fustazos que no serían los primeros ni los últimos en éstos tres años...

Como cada día, que recuerdan sin mucho esfuerzo, se han levantado muy temprano, con una penumbra a cuestas que luce como una lóbrega caverna... son, prácticamente arrojados a la calle en búsqueda del pan de cada día en un sentido estrictamente literal.

La madre, viuda desde hace tres años, con los nervios destrozados y un espíritu amargado no reprime castigo alguno. El hambre, la miseria y la soledad repentina la transformaron de madre amorosa en un ser con poco menos que con un alma.

Los niños, intentan nuevas rutas para su comercio, suplican, se desesperan. La competencia es dura. Son las 7 y media y el colegio los espera; pero antes, un destino crudo e ineludible se muestra impaciente.

07 junio 2005

Ángeles con pies descalzos

Las lloviznas matutinas, acaecidas en los últimos tres días, han asentado las arenas sempiternas que hacen las veces de calles y veredas. Tonos ocres y marrones se muestran a nuestros pies. Cientos, miles, de huellas en distinto tamaño y sentido se entrecruzan en el pavimento describiendo trayectorias sin destino.

Las huellas de un ave, dejando constancia de su presencia en tierra, distraen la mirada de inquietos niños que suspenden la marcha y se arremolinan para admirarlas.

Cabecitas negras buscan al autor dirigiendo sus miradas al cielo, a un cielo abovedado y gris que no ofrece consuelo. La búsqueda infructuosa los devuelve a sábanas húmedas de arena y tierra.

Rodeados por el eco de sus risas y voces borran las huellas dejando en su lugar alegres, danzarinas y pequeñas marcas de pies y dedos.

El frío arrecia; sin embargo, pequeños ángeles con los pies descalzos y el rostro sucio se confunden en una danza en donde se mezclan sueños y realidades.

06 junio 2005

Primer Post

Sentado frente al teclado, madrugada fría, me apresto a dar inicio a la bitácora. Hay días, en los que mi mente amanece en blanco, un blanco grisáceo; hoy, es uno de esos días... mañana será otro día..